Fermín Solís y cómo exorcizar los demonios haciendo un cómic

Nunca olvides de dónde vienes nos recuerda Fermín citando la conocida letra de una canción de la Maravillosa Orquesta del Alcohol. Él sabe muy bien de dónde viene, de una humilde familia extremeña que le enseñó la disciplina del trabajo diario. Y es que, siendo joven, Fermín trabajaba de albañil en verano junto a su padre y durante el curso hacía los deberes en el taller de su madre, modista de profesión. Su padre, que era un hombre del renacimiento entregado al aprendizaje siempre de cualquier cosa, de ese tipo de humanos hoy en peligro de extinción, fue fundamental para que el nombre de Fermín Solís terminara en el elenco de los grandes novelistas gráficos y dibujantes españoles. Mientras los niños en la escuela escribían o dibujaban con lápices normales, Fermín lo hacía con un plumín de tinta china que su padre le había regalado y esto le resultaba propio de divinidades. Y no es mentira, porque en aquellos años una generación entera de dibujantes no tuvo el mundo a su alcance y ni mucho menos había oído hablar de IA o metaversos, lo que hizo que descubrieran todos ellos de forma casi mágica la lógica de las imágenes y su generación en distintos formatos (TV, fotografía, cómics…). Recuerda todavía como con dieciséis años en una librería de comics de Madrid descubrió la relatividad del tiempo cuando sus padres después de que Fermín pasara una hora dentro del local regresaron a buscarlo y él tuvo la sensación de que solo habían pasado unos minutos. Maravillado con Sempé y los dibujantes de los años cincuenta, creció Fermín, musico frustrado que ha formado parte de más de una decena de grupos (hubiera preferido ser musico que novelista gráfico) y tan adicto al cine que afirma que ninguna película es mala. Desde Extremadura, con el doble de esfuerzo que sus compañeros de gremio madrileños se hizo Fermín Solís quien es ahora, un hombre que no pone el despertador y que se empapa de conocimiento siempre que puede. En su estudio busca la inspiración en todas partes, incluso en años atrás, en ideas, en exposiciones, en el cine de Fulci, de Godard… De estos polvos hizo Fermín del más controvertido cineasta para los extremeños; Buñuel, su mayor éxito desde que Buñuel en el laberinto de las tortugas ganara el Goya. Afirma entre risas que Buñuel le acompañará siempre, a pesar de haberse sentido en ocasiones superado con ese trabajo que puso el nombre de Fermín Solís en los grandes salones de la cultura del cómic que afirma, por cierto, no hay ninguno en Extremadura a pesar de tener dos premios nacionales de cómic. Fieramente humano, Fermín dice que se quedaría siempre en la época que dedicó a la crianza de sus hijos. Y este es un hombre. Un hombre que dibuja, porque seguirá haciéndolo Fermín a pesar de la llegada de la IA cuyo mal uso por parte de las instituciones denuncia públicamente. Dice que los dibujantes tienen mucho ego lo que evita su unión.  Habas cuecen en todos los sitios. Y cómo humano sueña. Sueña con dirigir un cortometraje y sueña con afianzar su carrera en la novela gráfica. Y sueña con lo que soñamos muchos, con que llega un apagón digital y volvemos a lo esencial, a lo sanguíneo y humano de las historias. Como esta de Fermín Solís.