Autor: Librea

  • Poemas regalados: Aída Acosta Alfonso

    Poemas regalados: Aída Acosta Alfonso

    Aída Acosta Alfonso (España, 1976)

    Ha publicado Sílabas de luz (Ed. Dalya, 2016) y Sólo Viento (Ed. Dalya, 2023). Parte de su obra se ha traducido al italiano, árabe, portugués, chino, bengalí e inglés.

    Desde su incursión, muy joven, en el mundo literario ha participado en numerosas tertulias poéticas,  recitales y su obra está incluida a nivel nacional e internacional en diversas revistas literarias y antologías. Ha creado y coordinado diferentes eventos poéticos y ha participado en otros a nivel internacional.

    Vigilantes otean la frontera del viento

    en un sueño aparente de contrastes,

    de sombras que se ocultan de noche.

    Mis seres de piedra  Tomás Acosta Píriz

    Sopla el viento

    como un caracol desenfadado

    escribiendo espirales en las ventanas.

    Suena el reloj,

    todo es sueño o realidad incomprendida.

    Jálama se despierta a la noche

    con ojos de luna

    proclama el error como un desgarro

    como un aliento húmedo.

    Recomponer lo acontecido

    es saltar de piedra en piedra por la sierra

    dejando jirones de piel en los brezos

    huellas de tierra y genista

    ceniza de nube.

    La figura geométrica

    complica su estructura

    el viento ha enredado los vértices

    como una araña cínica.

    Jálama oculta el lamento

    entre los robles

    padres del abrazo

    remanso de paz

    aroma de madre.

    Sopla el viento.

    El día pare los contornos

    con inquietud

    con esperanza

    con musgo

    con luz nueva

    con memoria.

    Del poemario Sólo Viento ®©

                                Aída Acosta

    *Jálama es el monte perteneciente al Sistema Central, que con sus 1492 metros de altitud, marca el límite entre las provincias de Salamanca y Cáceres.  

  • Un pionero del pensamiento en Salamanca

    Un pionero del pensamiento en Salamanca

    Se me pide que escriba, en la distancia geográfica y no de manera academicista, (¡Ojo! No confundir lo academicista con lo académico), sobre Salamanca y sus gentes, en el bien entendido hecho de que la gente de Salamanca no somos a los que nos han nacido en esta tierra , sino que también los de aquellos que al pasar por ella han contribuido a transformarla y, por otro lado, nuestra tierra también les ha cambiado, así me viene a la memoria eso que escribió el tremendo Isaías (Is 55, 10-13: Que de la misma manera que el agua y la nieve bajan a la tierra y la empapa y transforma, así el agua asciende al cielo transformada) y que se aplica a muchas y muchos de los que en Salamanca vivieron.

    Ejemplo perfecto de esto es el Jesuita, granadino por nacimiento, Francisco Suarez (1548-1617) que estudió, enseñó y creo pensamiento en nuestra ciudad y en las aulas de nuestra universidad. Claro, se podría pensar que este enjuto y circunspecto Jesuita del Siglo XVI pocos atractivos ofrece para este mundo actual (mundo que cada 20 años cierra una incierta era para abrir otra más incierta aún), pero nada más lejos de la realidad por que este Filósofo y Teólogo que además de en nuestra universidad ejerció la docencia en Alcalá de Henares, Valladolid y Coímbra tiene mucho que aportar en la lucha por volver a la senda que nos devuelva al camino vital y social que nos sitúa ante la persona como radicalmente digna en sí y radicalmente iguales a sus semejantes; de hecho, recientes congresos y ponencias en la Universidad Pontificia de Salamanca y en otros centros docentes, tanto civiles como religiosos, han vuelto en poner en valor su obra y pensamiento.

    Para que los que lean este breve artículo y quieran saber donde residió cuando enseñaba en Salamanca y cuál fue la más importante de sus obras, bastará que se pasee por la zona del Colegio Mayor Fonseca y se detenga ante la austera, imponente y jesuítica fachada del Colegio “Maestro Ávila” (Antiguo Seminario Menor de la Compañía de Jesús) podrá ver una placa de 1948 donde se hace mérito de la gran obra metafísica de nuestro protagonista: “Las Disputaciones Methafísicas”.

    Es probable que contemplando la fecha de la placa y descubra que nuestro maestro puede ser considerado el último escolástico, el último discípulo directo del Gran (en todo los sentidos) Dominico Tomás de Aquino (1224-1274) se asustará imaginando erróneamente que este filósofo fue un reaccionario, a este respecto tengo que escribir que ahí nuestra o nuestro lector caería aquí en el típico prejuicio que los ilustrados españoles ( generalmente nada preocupados por la gente del común, por los pobres y bastante acomplejados de nuestro pueblo, por tanto bastante grises intelectualmente) de suponer que todo lo antiguo es malo y más si es castellano ( y si, digo bien en decir castellano y no español y reto a quien lo desee a entablar un afectuoso debate conmigo sobre esto); pues en este caso estamos ante todo lo contrario, estamos ante un típico Jesuita de su siglo que optó por hacer del pensamiento y la meditación su campo misional para que todos sintieran ser hijos de un Dios que cuida de todos por igual y que los quiere por igual y, como consecuencia se convirtió en un “Filósofo Errante” cambiando de Universidad al ser, en cierta manera, un perseguido. Así y por no hacer aquí una reseña académica de su trabajo intelectual, hay que decir que Suarez hace suya las Tesis de la Escuela Dominica De Salamanca (De Soto, Vitoria y Las Casas) que en estas tierras logró, por vez primera, partiendo del Evangelio y de las Tesis de Tomás de Aquino, elaborar la doctrina de la indisoluble libertad de la persona, previa a todo ordenamiento y sistema, pues tod@s somos hijos del mismo Dios. Así Francisco Suarez lo que hace es compilar todo el saber de esta escuela y lanzarlo al conocimiento general logrando dar una visión aperturista de la Iglesia, luchando por mostrar a un Dios que perdona, protege y da libertad frente a ese Dios castrante y castigador. Lógicamente, sufrió censura, sufrió pérdida de cátedra e investigación inquisitorial (precisamente el Dominico del Santo Oficio Melchor Cano no le quería demasiado), tengo aquí que recordar que fue nuestra universidad quien mejor recibió las tesis de nuestro jesuita.

    Como suele ser una constante en nuestra historia a Francisco Suarez mejor se le decepcionará fuera de nuestro país, incluso pensadores protestantes adoptarán muchos de sus postulados, cabe recordar que Descartes (que era católico y fue educado por Jesuitas), Leibniz y también Kant pudieron fundamentar sus postulados apoyándose en la obra de nuestro amigo Francisco Suarez.

  • Alejandro García de ALCOSTE  TATOO: «Tenía claro que el camino convencional no era lo adecuado para mí»

    Alejandro García de ALCOSTE TATOO: «Tenía claro que el camino convencional no era lo adecuado para mí»

    ¿De dónde viene Alejandro García Álvarez y hacia dónde va?

    De “La Paqui” y Clemente “El del agua”. Vengo de un pueblo situado en la provincia de Badajoz, llamado Calamonte. De allí vengo y de allí me siento hoy en día, corazón compartido con Cáceres, ciudad que me dio la bienvenida cuando sólo tenía 17 años con las ganas de aprovechar la vida y un futuro incierto en una carrera que nunca me gustó. Enamorado de Cáceres desde el primer momento, ofrecía todas las posibilidades que puede ofrecer una ciudad, pero con el encanto de un pueblo, sentimiento que me encandiló y arraigó inconscientemente a este sitio. “Pintamonas” y todo lo que se me presentase desde bien pequeño, tenía claro que el camino convencional no era lo adecuado para mí.


    Hacia dónde voy… es un poco más complicado, nunca me he parado a pensarlo detenidamente. Cierto es que ahora mismo estoy centrado en el tatuaje casi al 100%, pero sigo teniendo la inquietud de moverme y probar cosas que te despierta la juventud. Aprendiendo poco a poco a compaginar mi tiempo libre con el trabajo y hallar la manera de vivir lo más tranquilo posible.
    Esa quizás sea la respuesta, la tranquilidad, conociendo exactamente qué es una respuesta amplia y difusa.


    El tatuaje vino a mí de forma fortuita y me dio todo lo que a día de hoy tengo. Supongo que en algún momento cuando considere que esa deuda está saldada, se irá de mí de la misma forma.

    ¿Hay que ser un pandillero de barrio para ser tatuador y grafitero?

    ¡Ni muchísimo menos!

    Entiendo perfectamente la imagen que hoy en día seguimos proyectando, entiendo que están desapareciendo un poco los prejuicios con el cambio generacional, pero todavía tenemos ese sentimiento arraigado.


    Es bastante común que si vas tatuado (hablando de una persona muy tatuada) sigas viviendo situaciones que te lleven a pensar que no está superado, es normal, pero al final sabes a lo que te arriesgas, una imagen que se sale de lo normal atrae miradas, comentarios y suspiros… Tú mismo decides exponerte a ello cuando te tatúas.


    Al final todo cambiará, y los jefes actuales se jubilarán, entrarán personas más jóvenes y acabarás comparando tus tatuajes con los de tu jefe.


    En lo referente al graffiti lo considero una simple forma de expresión. En mi caso lo denominaría la exhalación del ego, el verme en todos lados. Soy un muchacho normal y he crecido en un entorno completamente normal, he tenido una buena educación, padres presentes y todo lo necesario en esta vida. Al final es la simple elección de los hobbies lo que te lleva a tomar un camino u otro. Sí que es cierto que un hobby que se sale un poco de la normal y que en algunos ámbitos está perseguido por la ley, pero bueno… ¡Sin riesgo, tampoco hay diversión!

    ¿Es un arte el tatuaje?

    Completamente, fuera del tatuaje comercial obviamente. Un artista del tatuaje se pasa toda la vida preparándose para tatuarte, desde el primer momento que coge la máquina y decide que su destino estará repleto de sin sudores y frustración (ningún artista que esté contento y satisfecho con su obra logrará evolucionar) pone sobre sus hombros una responsabilidad con el cliente.


    Dejarse llevar por un artista es lo mejor que puedes hacer, elegir bien con quién tatuarse y qué tipo de estilo es muy importante, creando un vínculo entre tatuador y tatuado que se basará en tiras y aflojas para conseguir un 50-50 y que estéis cómodos los dos.


    Hoy en día hay artistas increíbles con una calidad impresionante. Personas que se especializan en cualquier cosa que te puedas imaginar y que pueden llegar a plasmar las más locas de las ideas con una sutileza inimaginable. No hay nada más reconfortante que acabar de hacer una pieza que tú mismo has creado desde 0 y ver que el cliente está igual de contento que tú.

    ¿Se tatúan mucho los extremeños?


    Sorprendentemente sí, ya no sólo extremeños, si no todo el mundo. El tatuaje ha conseguido ocupar una normalidad en nuestras vidas, utilizándose tanto estéticamente como para marcar recuerdos.


    ¿Cómo está el mundo del tatuaje en Extremadura?

    Hay muchísimo nivel, la llegada de las redes sociales a nuestro sector ha conseguido dar visibilidad a gente que trabaja realmente bien, facilitando también la elección de artista a la hora de realizar un proyecto. Extremadura no se ha quedado atrás, dando vida a grandes artistas que han podido quedarse en su lugar de residencia y conseguir nombre en este mundo a través de internet. Ahora mismo es normal viajar para tatuarse, haciendo que personas que desarrollan su trabajo puedan quedarse en su ciudad, pueblo o provincia y tener una clientela fija. Obviamente vamos todavía un paso por detrás de ciudades como Madrid o Barcelona, pero para la población que tenemos y lo despoblado de la provincia no podemos quejarnos.Artistas como Luis Lorenzo, Chany Berlanga, Carlos Rubio, Alex Bravo… etc elevan muchísimo el nivel en nuestra región.

    ¿Para qué sirve un tatuaje?

    Para lo que quieras que sirva, tanto para marcar recuerdos como he comentado antes o simplemente a nivel estético. 

    Hay personas que utilizan tatuajes para tapar cicatrices, para dejar claras alergias, diabetes, etc. Al final es una etiqueta que te acompañará hasta el fin de tus días. Hoy en día se puede decir que de este mundo no te llevas nada a la tumba, excepto el traje que elijas y los tatuajes que te hagas.

    ¿Deben de ser caros los tatuajes?

    Aquí entramos en un tema complicado y el valor que le da cada persona a su trabajo. Partimos de la base de que estamos hablando de un producto artesano, que es lo bonito de esta profesión. No va a ser perfecto, va a haber un punto fuera de lugar, una línea que no está perfecta, un trozo que ha curado mal…
    Y eso precisamente es lo que le da el valor, las cosas perfectas no tienen alma.

    Cada artista elige el precio que le da a su tiempo “el tatuaje te lo regalo, lo que te cobro es el tiempo”. Sí que más o menos todos los estudios parten de una base de 50€ para hacerte alguna cosita pequeña, cada uno elige cuánto y con quién gastarlo, teniendo claro que nadie da oro por cobre.



    ¿Cuándo nace ALCOSTE TATOO y que impacto crees que tiene en la ciudad de Cáceres?

    Alcoste Tattoo nace en 2019, bajo la incertidumbre que me proporcionaba una carrera que nunca elegí y la necesidad de expresarme que siempre he tenido. Cogí una máquina de tatuar por primera vez con 19 años (2015) gracias a mi tía María, a la cual nunca podré agradecer lo suficiente todo lo que ha hecho por mí. Tatuaba intermitentemente, adentrándome en un mundo todavía por descubrir para un muchacho demasiado perdido en su día a día. Cuando estaba terminando la carrera (2019) decidí que no era lo mío y que no era lo que quería. Ahí tuve claro que tenía que jugármelo todo a este sueño, lo que nació como hobby se convirtió en trabajo y forma de ganarme la vida gracias al primer estudio en el que estuve, sólo tenía que darle forma a lo que llevaba construyendo toda la vida sin saberlo. Realmente en ese momento nació el nombre de Alcoste, era una simple manera de formalizar mis tropiezos en este mundo e intentar darle un sentido más serio y profesional.


    Respecto al impacto… al final creo que he conseguido un nombre en la ciudad sin quererlo, ya que sólo intento que cada persona que entré en mi estudio se vaya con un recuerdo grato del tiempo que pasé en mi “casa”. Al fin y al cabo, llevo en esto desde muy pequeño y como siempre he dicho no quiero tomarme mi trabajo como un trabajo. Creo que lo que siempre me ha diferenciado es el acercamiento hacia la figura del cliente, intentando que se sientan bien, a gusto y borrando la barrera de tatuador y tatuado. Tratar a la gente como me gustaría que me tratasen a mí, en definitiva. Creo que esto ha sido el mayor punto fuerte en lo referente a mi carrera y lo que ha conseguido que tenga una clientela tan fiel y a la que les debo todo. Impacto o no, cada uno que opine lo que quiera, no soy una estrella del Rock ni muchísimo menos, simplemente estoy intentando cumplir un sueño.



    ¿Cuál era tu sueño de niño?

    Si me viera el Alejandro de cuando era niño ahora mismo…ni se conocerían. Creo que mi sueño siempre ha sido pintar y ganarme la vida con ello realmente. Entendí desde muy joven que en el mundo del graffiti era muy difícil ganarse la vida y en ese momento apareció el tatuaje como por arte de magia y me dio un motivo para soñar otra vez. Nada de esto estaba planeado y me gustaría que (dentro de un orden) todo siguiera sin planear.



    ¿Se va a morir tatuando Alejandro García?

    Me gustaría decir que si… pero no va a ser así. El tatuaje es un mundo muy exigente a nivel físico, muñecas, vista, espalda…Tiene un periodo muy marcado que no suele llegar a los 60, intentaré aprovechar todos estos años al máximo posible y pasármelo bien, y después intentaré seguir con el estudio desde las sombras por así decirlo. Moriré pintando, eso lo tengo claro.


    Alejandro García Álvarez morirá, pero Alcoste Tattoo no desaparecerá hasta que no se vaya su último tatuaje, su última pieza… De eso se trata y siempre se ha tratado el arte, de vivir más allá de tiempos, fechas o cualquier cosa establecida. La inmortalidad del recuerdo y de los sentimientos.

  • Fermín Solís y cómo exorcizar los demonios haciendo un cómic

    Fermín Solís y cómo exorcizar los demonios haciendo un cómic

    Nunca olvides de dónde vienes nos recuerda Fermín citando la conocida letra de una canción de la Maravillosa Orquesta del Alcohol. Él sabe muy bien de dónde viene, de una humilde familia extremeña que le enseñó la disciplina del trabajo diario. Y es que, siendo joven, Fermín trabajaba de albañil en verano junto a su padre y durante el curso hacía los deberes en el taller de su madre, modista de profesión. Su padre, que era un hombre del renacimiento entregado al aprendizaje siempre de cualquier cosa, de ese tipo de humanos hoy en peligro de extinción, fue fundamental para que el nombre de Fermín Solís terminara en el elenco de los grandes novelistas gráficos y dibujantes españoles. Mientras los niños en la escuela escribían o dibujaban con lápices normales, Fermín lo hacía con un plumín de tinta china que su padre le había regalado y esto le resultaba propio de divinidades. Y no es mentira, porque en aquellos años una generación entera de dibujantes no tuvo el mundo a su alcance y ni mucho menos había oído hablar de IA o metaversos, lo que hizo que descubrieran todos ellos de forma casi mágica la lógica de las imágenes y su generación en distintos formatos (TV, fotografía, cómics…). Recuerda todavía como con dieciséis años en una librería de comics de Madrid descubrió la relatividad del tiempo cuando sus padres después de que Fermín pasara una hora dentro del local regresaron a buscarlo y él tuvo la sensación de que solo habían pasado unos minutos. Maravillado con Sempé y los dibujantes de los años cincuenta, creció Fermín, musico frustrado que ha formado parte de más de una decena de grupos (hubiera preferido ser musico que novelista gráfico) y tan adicto al cine que afirma que ninguna película es mala. Desde Extremadura, con el doble de esfuerzo que sus compañeros de gremio madrileños se hizo Fermín Solís quien es ahora, un hombre que no pone el despertador y que se empapa de conocimiento siempre que puede. En su estudio busca la inspiración en todas partes, incluso en años atrás, en ideas, en exposiciones, en el cine de Fulci, de Godard… De estos polvos hizo Fermín del más controvertido cineasta para los extremeños; Buñuel, su mayor éxito desde que Buñuel en el laberinto de las tortugas ganara el Goya. Afirma entre risas que Buñuel le acompañará siempre, a pesar de haberse sentido en ocasiones superado con ese trabajo que puso el nombre de Fermín Solís en los grandes salones de la cultura del cómic que afirma, por cierto, no hay ninguno en Extremadura a pesar de tener dos premios nacionales de cómic. Fieramente humano, Fermín dice que se quedaría siempre en la época que dedicó a la crianza de sus hijos. Y este es un hombre. Un hombre que dibuja, porque seguirá haciéndolo Fermín a pesar de la llegada de la IA cuyo mal uso por parte de las instituciones denuncia públicamente. Dice que los dibujantes tienen mucho ego lo que evita su unión.  Habas cuecen en todos los sitios. Y cómo humano sueña. Sueña con dirigir un cortometraje y sueña con afianzar su carrera en la novela gráfica. Y sueña con lo que soñamos muchos, con que llega un apagón digital y volvemos a lo esencial, a lo sanguíneo y humano de las historias. Como esta de Fermín Solís.

  • Entrevista a Salustiano García: «La belleza y la espiritualidad son conceptos muy denostados en el arte actual»

    Entrevista a Salustiano García: «La belleza y la espiritualidad son conceptos muy denostados en el arte actual»

    ¿Quién es Salustiano García? ¿Cómo se hizo artista?

    Soy un artista que hace una figuración contemporánea sin complejos. Quiero decir que estoy trabajando con conceptos que son muy denostados en el arte actual, especialmente en España. Me refiero a la belleza y la espiritualidad. 

    Me hice artista de niño, sin hacer ruido, observando mi alrededor, sin juzgar lo que miraba. Esta observación se agudizaba cuando no pasaba nada. Es la ausencia de acción prolongada la que nos pone ante los ojos una lente donde la realidad aparece aumentada. Y donde antes parecía que no sucedía nada, ahora podemos ver un universo que bulle y las cosas aparecen y se explican con una tridimensionalidad brutal casi comestible. Y aprendes a ver la vida por dentro, que es de lo que se trata. A veces pienso en la gran cantidad de niños de hoy que están aturdidos por tantos estímulos. Ese bombardeo incesante los anestesia y los hace incapaces de tomar consciencia de su entorno, y por consiguiente de sí mismos. De niño viví en el campo y allí el silencio y la naturaleza fueron mis primeros maestros.

    ¿Qué siente Salustiano García cuando está en su taller creando?

    Para mí, crear es tener la idea. Después hay un proceso de autocuestionamiento, donde esa idea se pule y se le quitan las aristas hasta que aparece ante mis ojos, redonda y capaz de emocionar sin necesidad de adjuntarle un prospecto explicativo. Esta parte del proceso, la creación, por lo general no sucede en el estudio sino fuera de él, cuando estoy en el monte con la bici o viajando. En el taller solo ejecuto la idea.

    ¿Cuál es tu opinión respecto a lo que puede aportar el arte a mejorar la sociedad del siglo XXI?

    Los artistas tenemos una misión muy importante. Siempre la hemos tenido. ¿Dónde estaría el ser humano sin la contribución del arte al desarrollo de nuestra civilización? Me gusta pensar que lo que dicen los cristianos es verdad: que el ser humano está hecho a imagen y semejanza de Dios, del Dios creador de todas las cosas. Y cuando el ser humano crea, ya no solo arte, sino una nave espacial o una vacuna, está co-creando. Por eso, consciente de la importancia del arte y de los artistas, creo que nos debemos preparar como lo hacen los trapecistas o los cantantes de ópera: sin pereza y con la seguridad de que con nuestro trabajo estamos avanzando.

    Gran parte de tu obra se caracteriza por la representación de personajes anónimos. ¿Qué supuso para ti representar en el cartel de Semana Santa al personaje menos anónimo de todos?

    Si se bucea un poco en mi obra, se verá que en ella han aparecido con cierta frecuencia personajes de la Biblia y santos. He representado a Adán, a Eva, a Caín, a la Virgen María, al Arcángel San Gabriel, a Jesucristo… Y también a Santa Lucía y a San Benito Abad de Castilblanco de los Arroyos.

    ¿Cómo afectan a Salustiano García las críticas?

    Las críticas de los desconocidos no me afectan. Tengo muy claro lo que quiero decir en el arte y no hay fisuras en ello. Ahora bien, tengo un círculo de personas de confianza y sus opiniones sí las tomo muy en cuenta. Entre ellas, la de mi hermana Carmen, que es una de las personas más sensatas que conozco, y la de mi hijo Horacio, que tiene una educación visual muy desarrollada, educada y contemporánea.

    ¿Qué significa Sevilla para Salustiano García?

    Es mi lugar de residencia. Y a pasar de que durante años me ha dado la espalda artísticamente hablando, decidí quedarme a vivir aquí. Sevilla es una ciudad bonita, orgullosa de sí misma. Aunque apenas tengo tiempo de disfrutarla. O estoy viajando, o en mi estudio encerrado trabajando. 

    Qué sentimientos te despiertan los siguientes conceptos:

    Color rojo.

    Más que un color, es un concepto. Para mí es el color de la serenidad, de la espiritualidad. Es el color de las puestas de sol, de las amapolas y del cielo de la boca.

    Compromiso social del arte.

    El compromiso de un artista debe ser el de hacer su trabajo lo mejor que sepa, sin pereza, honesta y sinceramente. Consciente de la importancia de lo que ha supuesto el arte para la civilización humana. Pero si se refiere a la crítica social, no creo en ella. Mucho del llamado arte social actual es solo pose y esnobismo. 

    Retrato.

    Me gusta mucho el género del retrato. Pero a pesar de lo que piensa mucha gente, mis obras no son retratos. 

    ¿Qué ha aportado a tu trayectoria artística y vital dar a conocer tu obra fuera de España y fuera de Europa?

    Todo. Mi carrera en España ha sido prácticamente inexistente. Es triste que haya tenido que ser a través de una absurda polémica que España supiera de mí.

    ¿Quiénes son los referentes artísticos de Salustiano García?

    Antonioni, David Lynch, Tadao Andò, Manuel Machado o Pepe Morán.

    ¿Algún sueño u objetivo para el futuro?

    Claro, ser feliz, estar sereno, seguir estando sano y guapo y cuidar de la gente a la que quiero.

  • La sensación de comerse Castilla en Mesón Asador Carlos

    La sensación de comerse Castilla en Mesón Asador Carlos

    Nada extraño se siente al llegar a la Calle Val de Traspinedo salvo la luz amarilla asesina de los mediodías de Castilla. Pero siente uno el fallo de la temporalidad al cruzar las puertas del Mesón Asador Carlos, un lugar que aúna todo lo que parece imposible encontrar junto: calidad y atención de excepción. 

    Postrado tras la barra, un ejemplar de Los Santos Inocentes de Delibes parece ser el abreboca de lo que espera dentro de un comedor ambientado de forma natural con el aroma de los sarmientos achichinados bajo una parrilla que acoge su misterio y que se encuentra naturalmente abierto a la luz de helios.

    Una bodega igualmente llameante con un ocho dos dos que más que deshacerse en la boca deshace nuestra boca en su caldo. Así se empieza, con una atención que roza la excelencia y que no descuida su nivel hasta que, entre lágrimas, cruzamos el umbral de la puerta para salir de nuevo al sol.

    Mesa amplia y sagrada que deja espacio para lo que merece la pena de comer: fortalecer la amistad o enamorarse aún más. Reducida carta para comerse de Castilla hasta lo que no se ve. Una tabla de quesos que con la copa previamente servida hace el camino. Pero el camino se ensancha con una sopa castellana que recuerda a los antiguos y a las abuelas. En prados caza-tormentas parecen haber sido recolectadas las setas a la plancha que destellan sabores de algún edén otoñal. Luego el pincho de lechal al sarmiento es la eclosión de un milagro. Tirar una bocanada a esta tierra y definitivamente comerla, terminando, para quitar las dulces arenillas de los dientes, con una tarta de piñones casi celestial.

    Después de todo esto aprende uno lo que es el sabor. Decía Barthes que querer a una persona es olvidarla muchas veces para recordarla muchas más. Y uno se marcha del Mesón Asador Carlos con ganas de irse tantas veces como sean necesarias para volver y volver. Querer, recordar, saborear. 

  • Soñadores para un pueblo

    Soñadores para un pueblo

    Juan Francisco Blanco

    Ilustración de Florencio Vicente Cotobal

    A la memoria de Pablo Guerrero


    Existen pensamientos y sentimientos compartidos con los otros que se nos revelan inopinadamente. Uno de los más recurrentes, entre mis coetáneos, es el de la frustración, sentirnos fuera de tiempo, desajustados de la era que nos ha tocado vivir, a disgusto con el momento; incluso con nosotros mismos.

    A cualquiera con un mínimo de sensibilidad en estos tiempos sombríos (“más negros que un cerrojo”, que diría una de mis viejas informantes), se le viene a la cabeza la recomendación de san Ignacio de Loyola: “No hacer mudanza en tiempo de tribulación”. Opto, sin embargo, por aquella conseja antigua “A lo más oscuro, amanece Dios”, dejando una puerta abierta a la esperanza providencial (puede emplearse a modo de locución lexicalizada, pues no exige un imprescindible credo militante para su aplicación en sentido figurado). 

    Le oí decir a Pérez Reverte hace poco que asistimos al final de una civilización. No es la suya palabra de Dios, pero verbaliza un sentimiento compartido por muchos. Pues bien, esta civilización desmoronada y agotada es un perfecto caldo de cultivo para la ensoñación y, a través de ella, para la práctica –siquiera sea juego– de la utopía, pero también de la ucronía y la distopía. La reconstrucción hipotética del pasado propicia algún hálito de esperanza emocional imposible. La distopía, por su parte, propone hipótesis futuribles condenadas de antemano al fracaso de la alienación humana. Puro juego, en todo caso.

    Propongo, pues, la ensoñación no como refugio o como huída, sino como fuente de inspiración para derribar muros en callejones sin salida, como forma de compromiso con el pueblo, aunque éste no lo reclame, aunque se muestre ciego ante el apocalipsis de los agoreros.

    El soñador –como el poeta–  es una deidad para tiempos descreídos, es un “ángel menos dos alas, un ángel por lo civil”, como González, el de la canción de Sabina. Solo a los soñadores, a los poetas y a los locos les es dado tocar el cielo con las yemas de sus dedos intangibles.

    Incluso ante la realidad más materialista y más pedestre, se impone la imprescindible connivencia mesiánica de los soñadores. Cuando parece que no hay más salida que la reinvención, el renacimiento literal de la especie, la regeneración a partir de cero, surge siempre la figura transformadora por contagio, del soñador. Por ello, ahora más que nunca, resultan necesarios soñadores que restauren y eleven el espíritu demolido del pueblo.

    El arquetipo de soñador para un pueblo ya lo perfiló, al menos en la nomenclatura literaria, el dramaturgo Antonio Buero Vallejo.  Buero, mosca cojonera pero tolerada del franquismo, fue un reconocido dramaturgo con carga social de tintes historicistas y simbólicos que jugó al despiste con la censura. Su obra, Un soñador para un pueblo, sin encontrarse entre las más celebradas de su autor y representando un viaje en el tiempo hasta el siglo XVIII del Motín de Esquilache, fue estrenada, en un otoño como éste, el 18 de diciembre de 1958. Los estrenos arriesgados se cronifican en otoño. El estreno de cualquier obra de Buero lo era en aquel contexto político y social y la revista neonata que arropa este texto lo es en el actual.

    No hay, aparentemente, nada más anacrónico, más a contratiempo del ritmo frenético de este tren cuesta abajo y sin frenos que representa el mundo que vivimos que los soñadores. Y sin embargo ellos pueden y deben redimirnos de nuestras miserias.

    La sociedad tradicional, que ha supuesto para mí una experiencia inmersiva vital, me ha proporcionado interpretaciones paralelas de la realidad, ayudándome a descifrarla desde los códigos del pensamiento sagrado, sobre el que se levanta la tradición. Nuestro imaginario ancestral, sin ir más lejos, ofrece ensoñaciones para aprehender, descifrar y digerir el lado oscuro. Así lo han venido haciendo los cuentos maravillosos, que han construido el relato sobre las figuras del héroe y el antihéroe como contribución pedagógica a la configuración de la personalidad del niño, definiendo de manera comprensible para él conceptos éticos complejos. Mientas los adultos aceptamos la inexactitud de la antinomia bien/mal, blanco/negro como visión maniquea del mundo y abrimos los ojos a la gama de grises, los niños han de partir de conceptos más simples,  menos confusos. Y el imaginario tradicional, como ensoñación sublime y eficaz, lo pone en bandeja.

    Acaso nuestra alma infantil esté necesitada de alternativas no contempladas hasta el momento, que solo los soñadores son capaces de imaginar desde el credo antiguo.

    Es tiempo de vivir, de soñar y de creer…