Categoría: Filosofía

  • Un pionero del pensamiento en Salamanca

    Un pionero del pensamiento en Salamanca

    Se me pide que escriba, en la distancia geográfica y no de manera academicista, (¡Ojo! No confundir lo academicista con lo académico), sobre Salamanca y sus gentes, en el bien entendido hecho de que la gente de Salamanca no somos a los que nos han nacido en esta tierra , sino que también los de aquellos que al pasar por ella han contribuido a transformarla y, por otro lado, nuestra tierra también les ha cambiado, así me viene a la memoria eso que escribió el tremendo Isaías (Is 55, 10-13: Que de la misma manera que el agua y la nieve bajan a la tierra y la empapa y transforma, así el agua asciende al cielo transformada) y que se aplica a muchas y muchos de los que en Salamanca vivieron.

    Ejemplo perfecto de esto es el Jesuita, granadino por nacimiento, Francisco Suarez (1548-1617) que estudió, enseñó y creo pensamiento en nuestra ciudad y en las aulas de nuestra universidad. Claro, se podría pensar que este enjuto y circunspecto Jesuita del Siglo XVI pocos atractivos ofrece para este mundo actual (mundo que cada 20 años cierra una incierta era para abrir otra más incierta aún), pero nada más lejos de la realidad por que este Filósofo y Teólogo que además de en nuestra universidad ejerció la docencia en Alcalá de Henares, Valladolid y Coímbra tiene mucho que aportar en la lucha por volver a la senda que nos devuelva al camino vital y social que nos sitúa ante la persona como radicalmente digna en sí y radicalmente iguales a sus semejantes; de hecho, recientes congresos y ponencias en la Universidad Pontificia de Salamanca y en otros centros docentes, tanto civiles como religiosos, han vuelto en poner en valor su obra y pensamiento.

    Para que los que lean este breve artículo y quieran saber donde residió cuando enseñaba en Salamanca y cuál fue la más importante de sus obras, bastará que se pasee por la zona del Colegio Mayor Fonseca y se detenga ante la austera, imponente y jesuítica fachada del Colegio “Maestro Ávila” (Antiguo Seminario Menor de la Compañía de Jesús) podrá ver una placa de 1948 donde se hace mérito de la gran obra metafísica de nuestro protagonista: “Las Disputaciones Methafísicas”.

    Es probable que contemplando la fecha de la placa y descubra que nuestro maestro puede ser considerado el último escolástico, el último discípulo directo del Gran (en todo los sentidos) Dominico Tomás de Aquino (1224-1274) se asustará imaginando erróneamente que este filósofo fue un reaccionario, a este respecto tengo que escribir que ahí nuestra o nuestro lector caería aquí en el típico prejuicio que los ilustrados españoles ( generalmente nada preocupados por la gente del común, por los pobres y bastante acomplejados de nuestro pueblo, por tanto bastante grises intelectualmente) de suponer que todo lo antiguo es malo y más si es castellano ( y si, digo bien en decir castellano y no español y reto a quien lo desee a entablar un afectuoso debate conmigo sobre esto); pues en este caso estamos ante todo lo contrario, estamos ante un típico Jesuita de su siglo que optó por hacer del pensamiento y la meditación su campo misional para que todos sintieran ser hijos de un Dios que cuida de todos por igual y que los quiere por igual y, como consecuencia se convirtió en un “Filósofo Errante” cambiando de Universidad al ser, en cierta manera, un perseguido. Así y por no hacer aquí una reseña académica de su trabajo intelectual, hay que decir que Suarez hace suya las Tesis de la Escuela Dominica De Salamanca (De Soto, Vitoria y Las Casas) que en estas tierras logró, por vez primera, partiendo del Evangelio y de las Tesis de Tomás de Aquino, elaborar la doctrina de la indisoluble libertad de la persona, previa a todo ordenamiento y sistema, pues tod@s somos hijos del mismo Dios. Así Francisco Suarez lo que hace es compilar todo el saber de esta escuela y lanzarlo al conocimiento general logrando dar una visión aperturista de la Iglesia, luchando por mostrar a un Dios que perdona, protege y da libertad frente a ese Dios castrante y castigador. Lógicamente, sufrió censura, sufrió pérdida de cátedra e investigación inquisitorial (precisamente el Dominico del Santo Oficio Melchor Cano no le quería demasiado), tengo aquí que recordar que fue nuestra universidad quien mejor recibió las tesis de nuestro jesuita.

    Como suele ser una constante en nuestra historia a Francisco Suarez mejor se le decepcionará fuera de nuestro país, incluso pensadores protestantes adoptarán muchos de sus postulados, cabe recordar que Descartes (que era católico y fue educado por Jesuitas), Leibniz y también Kant pudieron fundamentar sus postulados apoyándose en la obra de nuestro amigo Francisco Suarez.